martes, 5 de agosto de 2008

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

De niña quería ser veterinaria, soñaba con tener un hospital para animales desamparados o trabajar en el zoológico y poder tocar a los tigres. Una práctica de biología en la preparatoria acabó con esa vocación: ¡no soporté ver un conejo destripado! Así que me enfoque a un área muy diferente de las ciencias naturales, me interesó el periodismo. Las noticias me llamaron la atención siempre, mamá me cuenta que desde pequeña observaba los noticiarios en la televisión con especial cuidado. Hoy me sorprende recordar acontecimientos y personajes que fueron noticia cuando yo era muy pequeñita. Así que decidí estudiar Ciencias de la Comunicación.

Cuando entré a la Facultad de Ciencias Políticas en la UNAM, no tenía otra idea que dedicarme al periodismo escrito. Al final de la carrera inicié una práctica profesional en el diario El Universal y eso confirmó mi vocación, publicaron mi primer nota al día siguiente de que inicié, todo iba bien. Después, vino un contrato en la Agencia Notimex, pensé que a esa actividad me dedicaría toda la vida, en realidad no me veía haciendo otra cosa que persiguiendo la noticia o editando en la redacción de algún medio.

Pero la vida me llevó por otro camino. Cuando volví del DF a visitar a mis padres a Cuauhtémoc, Chihuahua, me ofrecieron cubrir un interinato en una preparatoria particular, la materia: Filosofía. Me arriesgué a entrar a un salón de clases, esta vez como maestra, porque siempre me ha gustado aprender cosas nuevas, pero sobre todo, porque pensé que era algo temporal, diferente del trabajo de reportera al que yo estaba segura de regresar en unos pocos meses.

Las circunstancias cambiaron mis planes. Debido al error de diciembre, una crisis económica de las que son frecuentes en México, ya no hubo más contrataciones en Notimex, así que de pronto no tenía trabajo y había muy pocas posibilidades de encontrar pues en todos los medios había recortes de personal. Decidí permanecer en Cuauhtémoc y continuar en la docencia mientras encontraba un trabajo en mi área. La oportunidad llegó poco tiempo después como conductora de un noticiario radiofónico local. A partir de ese momento combiné ambas actividades.

Creo que pocas veces he estudiado tanto como esos primeros días de maestra. Es fácil identificar mis temores con las dificultades que maneja Esteve en su texto. Leía todo el día, hacía resúmenes y llegué hasta a escribir mis clases completas. Mi temor más grande era que me preguntaran algo y no lo supiera. El recuerdo de mis mejores “profes” me decía: “un maestro lo sabe todo, no puedes decir que no sabes” Y es que ellos siempre tenían una respuesta adecuada, una cita textual o un libro que recomendarte. Hoy entiendo que también tenían muchos años de experiencia.

Otra preocupación frecuente consistía en mantener la disciplina en el salón. Era particularmente difícil porque me confundía con los alumnos, que eran casi de mi edad. Recuerdo un grupo en donde yo era la más joven. Es que se trataba de una escuela privada a donde iban a dar los muchachos que habían sido expulsados de otras escuelas, con serios problemas conductuales y deficiencias académicas. Pese a todo, la edad se convirtió en una ventaja porque logré una identificación con ellos. En el fondo entendía sus inquietudes porque hacía muy poco tiempo había jugado el rol de alumna y trataba de evitar todo aquello que odiaba de mis profesores. Creo que esa fue mi principal fortaleza en los inicios de la carrera.

Un semestre después llegué al CBTa 90 que, dentro de las escuelas de su especialidad, es considerada la mejor del país. Esto lo había escuchado algunas veces en reuniones del personal, donde el director nos hablaba del compromiso que teníamos como institución al ser el plantel modelo a nivel nacional. A mí me sonaba pretencioso, pero pude constatar que era cierto cuando, a los dos meses de haber ingresado al sistema, asistí a una academia nacional en Cuernavaca, Morelos. Me sorprendió ver como conocían y valoraban nuestro trabajo, a veces hasta exagerando nuestros logros, pero siempre resaltando el trabajo que se hacía en mi plantel. Eso me llenó de orgullo.

Pero en realidad lo que me hizo valorar la docencia y abrazarla como un proyecto de vida fue el contacto con los jóvenes y las posibilidades que te da la enseñanza. Me gustaba el periodismo porque creía que era una manera de construir la realidad, de estar cerca de los hechos que cambiaban el rumbo del país. Pronto descubrí que la docencia era una posibilidad extraordinaria de ayudar a construir una sociedad, pues teníamos en nuestras manos la formación de jóvenes que más tarde serían los que tomarían las decisiones. Lo descubrí en el salón de clases, junto a mis estudiantes, con sus comentarios, dudas, inquietudes, ocurrencias, etc.

No es que el camino estuviera libre de dificultades, pues cuando miro hacia atrás y reviso mi trayectoria, en más de un momento encuentro alguna de las mencionadas por José Manuel Esteve, particularmente la que se refiere al nivel de conocimiento que debemos manejar en el aula. Esa ha sido una preocupación constante y en ocasiones he sentido que exijo demasiado, pero se debe a que quisiera darle a cada estudiante las armas suficientes para que comprendan su realidad.

En algunos momentos he sentido frustración cuando no logró despertar su interés y caigo en la tentación de decir que los jóvenes de antes eran diferentes, que se interesaban más en la escuela que los de hoy. En este sentido pienso que es necesario recuperar y plantear una y otra vez la pregunta de Santos Guerra respecto a ¿Qué es un profesor? pues no existe una única respuesta, sino que depende del contexto y el momento histórico que se plantee. Y en nuestro momento histórico está marcado por una cantidad tremenda de información y posibilidades tecnológicas que nosotros no tuvimos.

Es que al profesor debemos entenderlo como un profesional que más allá de estrategias didácticas y conocimientos firmes, que sin duda son necesarios, es capaz de “integrar el conocimiento, de tomar una postura crítica ante su selección y tratamiento, de indagar colegiadamente sobre la naturaleza del saber, sobre el modo de transmitirlo y sobre la utilización del mismo al servicio de los valores” (Santos Guerra, 2008). Pienso que esto nos ha faltado a la mayoría de los que iniciamos en la docencia por accidente, casualidad o necesidad.

Tal vez por eso no valoramos nuestra profesión en toda su dimensión; tal vez por eso ser maestro no es muy reconocido socialmente –porque no nos reconocemos ni nosotros mismos-, quizá por eso hemos permitido que el magisterio sea tomado como un botín político y surjan mafias sindicales que están lejos de mostrar un interés real en la educación,



Estar en las aulas te da una libertad muy especial, ahí eres tú y tus estudiantes, puedes crear, imaginar, proponer nuevas formas para aprender. Por eso, quizá lo que más disfruto de mi trabajo es el momento en el que me siento a planearlo, a pensar como puedo hacerlo divertido, novedoso, creativo… A veces funciona lo que imaginas, otras no y hay que improvisar, pero eso es parte de nuestro ejercicio diario.

Durante este tiempo he combinado mis actividades docentes con el trabajo en los medios, fui parte del equipo de Comunicación Social del Instituto Estatal Electoral, colaboré en la prensa y me convertí en productora, conductora, guionista y “todóloga” de un programa de radio con visión de género. Pero nunca cruzó por mi mente dejar la docencia. Y si hoy –que por cuestiones de tiempo estoy alejada de los medios- me plantearan la disyuntiva de optar por una actividad u otra, creo que me inclinaría por ser maestra, aunque espero tener siempre la fortuna de poder combinar ambas cosas.

4 comentarios:

exupery-dali dijo...

Gracias Areli Flores por compartir con nosotros tus experiencias. De verdad el quehacer docente es muy gratificante y crecemos como personas. Alguna vez alguien me dijo que los maestros estamos locos para hacer ese trabajo. Y yo le respondí:"que valía la pena en desgatar una la vida en un futuro más promisorio"
Trabajamos para el fortalecer al hombre y hacerlo más humano....
Hasta pronto Arelí Flores.
Salvador Patiño.

Rosalba dijo...

Hola Areli:
Agradezco la invitación para visitar tu blog, en tu participación me doy cuenta que eres una maestra que disfruta estar en el aula con sus alumnos y se preocupa por hacer de su práctica docente algo novedoso, intersante y atractivo para que los alumnos a vz desarollen su propia creatividad con libertad.
¡Felicidades Areli!
Seguimos en contacto
Rosy

mpalacio dijo...

hola amore sabes que todo lo que inicias es importante para mi, lo que escribes es muy interesante y admiro como entremezclando tu esperiencia con el mensaje llegas al punto a donde quieres, eres muy amena, te felicito

Oscar Río dijo...

Arelí: He leído tu reflexión y me ha gustado muchísimo todo lo que has escrito, tu pensamiento al verte como maestra y lo que significa serlo, tiene una profundidad impresionante, me gustaría poder conocerte y ver tu forma de trabajar, y así aprender algo de lo mucho que compartes con todos tu afortunados alumnos, en cada aula que entras. Un saludo.

Oscar Rïo